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viernes, 7 de septiembre de 2012

Apuntes para un blog

   Hoy es uno de esos días en los que concentrarme es un trabajo en sí mismo. Cualquier otra idea acelera, adelanta por la derecha y se planta en primera posición. Poco a poco mi último examen de carrera queda de telón de fondo, al modo de los escenarios de papel pintado para las obras de teatro de los colegios.
   Y es que no me puedo creer cómo cambian los sueños a medida que avanzamos. Ni rastro queda ya de la RESAD o de Madrid. Aún persiste lejana Barcelona, pero el fuego es muy pequeño. ¿Dónde está la actriz, a dónde se marchó la presunta directora? Cuántas veces he llamado a la filóloga en vano.
   Una calle estrecha, de balcones con barrotes de hierro y persianas recogidas. Un pequeño piso alquilado repleto de libros y música, de cine jamás visto en las salas de moda. Los mismos barrotes custodian la cama solo para uno. La manta, el ordenador y el mando de la tele se mezclan juguetones dispuestos a su haber. ¿En qué lugar está esa calle? Mi horizonte la ha barrido.

   Ahora te agolpas tú contra mi pecho que no cesa. Ahora la cama es más grande. La casa ya no está en silencio. A lo lejos se oyen llantos, ora risas, ora llantos de nuevo. Los sueños tienen dos nombres, dos apellidos. Han perdido individualidad y han ganado riqueza. Me da miedo perderme en el cambio, en el trasiego de maletas, en los timbres de las puertas.


¿Por qué?
Yo: quiero ser yo, solo que yo no sola (contigo).

martes, 15 de marzo de 2011

Preguntas


¿Cómo es posible seguir queriendo después de punzarte por dentro, después de rasgarte, de abrirte en canal y saber qué es lo peor del mundo? ¿Cómo puede ser que ya no importe, que ya no te acuerdes del horrible asesinato a sangre fría que se cometió contra el músculo que no para más que una vez en la vida, cómo? ¿Cómo aún se pueden desear unos labios de los que ha salido tanta mierda? ¿Cómo querer, importar, desear lo indeseable?, ¿cómo ser voyeur de un cuerpo desnudo que te retrata detrás de una lente vidriosa y respira hasta perder la cabeza yéndose más allá de tu espacio convertido en círculo vacío y asquerosamente invadido de un sexo podrido y muerto?

lunes, 31 de enero de 2011

Te mentí

Fotografía Juanjo Mediavilla

Te mentí:
"solo necesito un día"
y me dejo tirar escupiéndome a mí misma.

Pasan más días y más noches
y sigo tus huellas como policía científica.

Me escondo para olerte allá donde habites
en paredes, toallas o sábanas.

Ya no lloro mas que en las madrugadas
cuando los demonios invaden los cráneos.

Como perra en celo huelo tu rastro
y me cercioro de que no habitas en ninguna parte
sino en donde yo te dejo.

Te mentí:
"solo necesito uno, la última vez".

domingo, 30 de enero de 2011

Cuéntame un cuento...


La Princesa y el Enano

Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos..... Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento.

"¡Bravo, bravo!", decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano,contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. "Sigue saltando, por favor" dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos.....

Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es feliz aquí" pensaba el enano. "Yo la cuidaré y la haré reír siempre". El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.

"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. "Ya no bailará más para vos, princesa" le dijo. "¿Por qué?" preguntó la princesa. "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón".


Oscar Wilde.