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martes, 15 de abril de 2014

Bien que te gustaría confiésalo lanzarte

 

Buenas noches, bellos.


Tengo muy claro que mi paso por esto que llamamos vida, sea corto o sea largo, quiero que sea para sentir-me-vi-va.
Etapas de mi vida que fueron muy excitantes, otras más tranquilas pero todas igualmente sensitivas. Siempre en mi cabeza el mismo objetivo: sentir-me-vi-va.
El amor y el arte son dos fuentes inagotables de pólvora para sentir-me-vi-va.
Javier Marías dijo en alguna ocasión: "Solo el amor y el arte hacen tolerable la existencia". A veces, leo páginas que se meten dentro de mi cuerpo para devorarme, que me muerden las entrañas. Entonces, me pregunto cómo unas líneas escritas tan lejos de mi realidad pueden susurrarme como el mejor de los amantes.

Voz de un gran poeta poco conocido y re-conocido:




Bien que te gustaría confiésalo lanzarte
de bruces al abismo devorar para siempre
esas terribles ganas que humedecen tus sueños
y en tus pechos habitan enjauladas...

Dale suelta a ese inmenso poder embalsamado
momia viviente abre las compuertas:
verás cómo florecen dos volcanes
en el lugar que el hielo
cerrara la clausura y perdiera la llave...
Encárate al ariete que reclama en tu puerta
la entrada por lo menos en cada primavera:
verás cómo te llenas de caballos salvajes
y de luz que produzcan tus turbinas de sangre...

Pero, antes, mastica la medalla
de dirección prohibida que cuelga de tu cuello.

Aníbal Núñez (1970)
 
 

Me encanta estar de vuelta, regresar a esta mi casa, despertar del efecto-placebo.

lunes, 30 de enero de 2012

Habitaciones de hotel


Me gustó imaginar, como a todos los hombres,
que la chica que amaba se acostaba con otros,
que se lo hacía incluso con gente de su sexo,
para darle más morbo y más psicopatía.



Luis Alberto de Cuenca.
Erwin Olaf. Hotel Kyoto.



Después de comer dulces, atragantarme y empacharme, decidí embutirme en mis bragas de cuero. Me pinté los labios y esperé en mi cama a que alguien viniese a devorar el cuerpo ya inmóvil, yermo.

Tardaste tanto que me vacié sola para que nadie pudiese entrar y retorcerse en mí y descubrime, que quizás pueda gritar de placer.

Te amo dentro de mi boca, bajando por mi esófago, punzándome el ombligo. Te amo cuando buscas mi desgracia y deshilo las sábanas hasta quedarme en el suelo.

Al final, me gusta besarte en la boca. Primero lento, para creerme que lo que hago contigo no es otra cosa más que el amor. Después te muerdo, para acabar pidiéndote que no te muevas cuando te folle.

Porque contigo, cariño, follo. Con mi marido tengo hijos.


miércoles, 17 de marzo de 2010

Artistas....

Sentados alrededor de unas mesas de terraza en el mes de marzo, hablábamos de cambiar el mundo con nuestras reflexiones de falsos intelectuales. Hacíamos que apuntábamos cosas en nuestras respectivas libretas para después pensarlas en casa y parir nuevas chorradas con las que seguir dando vida a una supuesta creación artística. O eso nos creíamos. Así pedimos las bebidas que sólo toman las personas que piensan tanto y son tan originales como nostros, estúpidos. Cerveza y leche era la combinación perfecta para continuar en nuesta genuína idiotez, idiotez sí pero ante todo genuínos como LOS GRANDES. El camarero nos las trajo desde el bar hasta el centro de la plaza, allí, que se nos viera bien lo fantásticos que éramos, que somos. Las dejó en la mesa sin preocuparse de qué era para quién. Las dejó amontonadas y cada uno iba cogiendo lo suyo. Sin orden, sin turnos, en un magnífico caos que apoya el desastre del artista. Tú tomaste la botella del refesco de cola, éramos los únicos que no bebimos alcohol esa noche, e inmediatamente empezaste a quitarle la etiqueta que tan bien pegada suele venir. Mientras lo hacías me preguntaste: "¿sabes qué significa quitar el papel a la Coca-Cola?". A mí me hizo mucha gracia porque yo lo hacía tantas veces. Y me picó la curiosodad de saber qué desorden de la personalidad se escondía tras una acción tan neurótica y rutinaria. Te contesté con el ansia de un niño que espera la solución a la adivinanza que esta vez no ha conseguido hallar: "¿qué?, yo lo hago siempre". No pudiste esconder esa sonrisa pícara que hacía tan poquito acababa de descubrir y que tanto me gustaba. Me gustaba porque rompía los esquemas de tu imagen de niño, bueno y aplicado, muy lejos de conocer los placeres frívolos y maravillosos de la vida. Mirándome de reojo y sin perder la sonrisa fuiste muy claro: "falta de sexo". Sé que dijistes algo más pero yo ya no te escuchaba, sólo pensaba si había sido un intento de ocurrencia graciosa o una propuesta real. Me reí a carcajadas para tapar lo terriblemente cachonda que me habías puesto. No sé exactamente qué fue lo que me atraía de ti. Quizás que eras más joven que yo y habías conseguido excitarme. Yo no podía atender a las conversaciones que una tras otra iban superponiéndose. No me interesaba nada de lo que allí se pudiera contar. No quería saber nada del mundo. Yo sólo quería que me follaras.